Viernes 25 de septiembre de 2026
¡Buenos días! Comenzamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Hoy proponemos comenzar con la siguiente dinámica de interioridad… Invitamos a que, quien la dirija, vaya dando las instrucciones muy despacio, dejando pequeños silencios, para que no se convierta simplemente en una serie de movimientos.
Mientras la hacemos, podemos poner música tranquila de fondo…
Pide a los niños que se coloquen de pie junto a
su silla, dejando un poco de espacio para poder mover los brazos. Explícales
que durante unos minutos van a imaginar que se convierten en un árbol. Les
invitamos a cerrar los ojos.
Vamos a ponernos de pie junto a nuestra silla. Colocamos
los dos pies bien apoyados en el suelo. Separándolos un poquito, para estar
cómodos. Ahora vamos a imaginar que somos un árbol. Un árbol fuerte, tranquilo
y tranquilo. (Pausa) Notamos nuestros pies apoyados en el suelo. No los
movemos. Sentimos que estamos firmes.
Ahora vamos a imaginar que de las plantas de
nuestros pies salen unas raíces. Son raíces largas y fuertes que bajan hacia la
tierra. (Pausa.) Imagina que esas raíces bajan… cada vez más… más y más
profundas. (Pausa de unos segundos.)
Tus raíces te ayudan a estar firme. Aunque venga
un poco de viento… tú sigues ahí. Respira tranquilamente. (Pausa.) Ahora vamos
a crecer como crece un árbol. Muy despacio… vamos levantando los brazos muy
despacio… Nuestros brazos son las ramas… Las ramas buscan la luz del sol… Nos
estiramos suavemente hacia arriba. (Pausa.) Después bajamos los brazos
poniéndolos en una postura cómoda.
Somos un gran árbol. Tenemos raíces abajo… y
ramas arriba. Estamos firmes y tranquilos. (Dejar unos segundos de silencio.)
Ahora imagina que no eres el único árbol. A tu
alrededor hay muchos más árboles. Uno al lado del otro. Todos diferentes. Unos
son más altos. Otros más pequeños. Unos tienen muchas ramas. Otros tienen
menos. Pero todos forman parte del mismo bosque. (Pausa.) Cuando llega el
viento, un árbol que está solo puede tener más dificultades para mantenerse
firme. Pero en un bosque, los árboles están juntos. Sus raíces crecen bajo la
tierra… y se encuentran con las raíces de otros árboles. (Pausa.) Así somos
también nosotros… Cada uno de nosotros es diferente… Cada uno tiene sus propias
raíces, sus propias ramas, sus propias capacidades… Pero cuando estamos juntos,
podemos ayudarnos… Cuando un compañero está triste, podemos acompañarlo… Cuando
alguien necesita ayuda, podemos echarle una mano… Cuando alguien va más
despacio, podemos esperarle… Cuando alguien tiene miedo, podemos estar a su
lado. (Pausa.) Eso es caminar juntos. No significa que todos seamos iguales… Significa
que, aunque cada uno tenga su propio ritmo, nos cuidamos y nos ayudamos
mientras caminamos juntos.
Volvemos a sentir nuestros pies sobre el suelo. Nuestras
raíces siguen ahí… Respiramos una vez más, muy despacio… Cogemos aire… y lo
soltamos… (Pausa.) Antes de volver a sentarnos, piensa en quién puede necesitar
hoy que yo sea una de sus raíces… Quizá un compañero que está triste… Quizá
alguien que necesita ayuda… Quizá alguien que se siente solo… (Pausa)
Pensamos también en qué personas son mis
raíces… Las personas que me quieren me
ayudan y están conmigo cuando las necesito.
Terminamos este tiempo de oración repitiendo:
Jesús, ayúdanos a estar unidos, a cuidarnos unos
a otros y a caminar juntos.
Lo repetimos muy despacio varias veces y
terminamos rezando juntos muy despacio el Padrenuestro…
Abrimos los ojos y nos sentamos tranquilamente.
