Viernes 2 de octubre de 2026
¡Buenos días! Comenzamos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Hoy proponemos comenzar con una relajación… Invitamos a que, quien la dirija, vaya dando las instrucciones muy despacio, dejando pequeños silencios… Mientras la hacemos, podemos poner música tranquila de fondo…
Nos sentamos cómodamente. Apoyamos bien los pies
en el suelo y dejamos nuestras manos sobre las piernas. Si queremos, podemos
cerrar los ojos.
Vamos a empezar respirando despacio. Cogemos
aire por la nariz… (dejamos unos segundos) Y lo soltamos lentamente por la
boca… (dejamos unos segundos) … Otra vez… Cogemos aire… Y lo soltamos despacio…
Una vez más… Cogemos aire… Y dejamos que salga lentamente. Ahora sentimos
nuestro cuerpo tranquilo. Notamos nuestros pies apoyados en el suelo… Nuestras
manos descansando… Nuestra cara relajada…
Ahora vamos a imaginar que dentro de nosotros
hay un pequeño tesoro. No podemos verlo con los ojos, porque está escondido
dentro de nuestro corazón. Es un tesoro que no se puede comprar. Es todo lo
bueno que llevamos dentro: el cariño que podemos dar, la alegría, la amistad, las
ganas de ayudar… (dejamos unos instantes).
Imaginamos que abrimos muy despacio ese pequeño
tesoro. Dentro encontramos también a alguien muy especial. Está Jesús. Jesús
está cerca de nosotros. Nos quiere, nos acompaña y nos cuida.
Nos quedamos un momento tranquilos, sintiendo
que Jesús está con nosotros. No tenemos que hacer nada. Solo estar tranquilos… y
dar gracias. (Dejamos unos segundos de silencio) Ahora vamos a repetir una
frase muy despacio. No hace falta decirla en voz alta… Podemos decirla casi en
silencio, desde nuestro interior. Gracias por Jesús, nuestro tesoro.
(La repetimos despacio varias veces… dejando
también segundos en silencio)
Gracias por Jesús, nuestro tesoro.
Hacemos de nuevo un par de respiraciones
profundas, y cuando estemos preparados, abrimos poco a poco los ojos. Después
estiro los brazos hacia adelante.
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