Martes 3 de noviembre de 2026

 ¡Buenos días! Comenzamos la mañana en el Nombre del Padre y el Hijo y del Espíritu Santo.

Como cada martes, nuestra oración de la mañana de hoy irá enfocada a la interioridad.

Vamos a hacerla muy tranquilos... Mientras la hacemos, podemos poner música tranquila de fondo…


Nos sentamos cómodamente en nuestra silla, apoyamos bien los pies en el suelo y dejamos las manos tranquilas sobre las piernas. Buscamos una postura en la que estemos a gusto. Podemos cerrar suavemente los ojos. Antes de empezar, vamos a descubrir cómo estamos hoy. ¿Tenemos sueño? ¿Estamos contentos? ¿Quizá estamos un poco nerviosos? No hace falta cambiar nada. Simplemente nos damos cuenta de cómo nos sentimos en este momento.

Ahora presta atención a tus manos. Muévelas un poquito, junta las palmas y después sepáralas despacio. Nota el calor que hay entre ellas. Frota suavemente una mano con la otra y después déjalas descansar, abiertas, como si fueran un pequeño cuenco. Vamos a imaginar que, en el centro de nuestras manos, aparece una pequeña luz. Es una luz cálida, alegre y suave y que nos hace sentir bien por dentro. No hace falta verla de verdad. Basta con imaginarla. Nos quedamos unos segundos contemplando esa pequeña luz. (Silencio.)

Ahora piensa en alguien a quien te gustaría regalar un poquito de esa luz. Puede ser un compañero, alguien de tu familia, un amigo o una persona que hoy esté triste o necesite cariño. No hace falta decir su nombre. Simplemente imagínala.

 

Vamos a enviarle nuestra luz. Acerca suavemente las manos a la boca y coge aire despacio por la nariz… Ahora suelta el aire por la boca, como si enviaras un pequeño rayito de luz hacia esa persona. Imagina que le llega en forma de cariño, alegría o compañía. (Pausa.) Volvemos a coger aire tranquilamente… y, al soltarlo, enviamos otro rayito de luz a alguien que queramos. (Pausa.)

Una vez más… cogemos aire suavemente… y regalamos nuestra luz a otra persona que pueda necesitarla hoy. (Silencio.)

Ahora deja las manos sobre el pecho. Nota su calor y recuerda que, cuando compartimos cariño, escuchamos, ayudamos o hacemos sonreír a alguien, también estamos regalando un poquito de luz.

Imagina ahora que Jesús está contigo. Él conoce esa luz que llevas dentro y te enseña a compartirla con los demás. Puedes decirle por dentro: Jesús, ayúdame a llevar alegría y cariño a los demás. Repite la frase despacio, desde el corazón. (Silencio.)

Vamos terminando. Vuelve a sentir los pies apoyados en el suelo. Mueve suavemente los dedos de las manos y los hombros. Haz una respiración tranquila y, cuando quieras, abre los ojos.

 

Hacemos esta pequeña oración. Podemos leerla juntos o repetir las frases después de que las lea el profesor.

 

Jesús, gracias por la luz que hay en nuestro corazón.

Gracias por las personas que nos quieren

y nos regalan alegría cada día.

Ayúdanos a compartir nuestra luz,

a acompañar a quien esté triste,

a ofrecer nuestra ayuda

y a hacer que los demás se sientan queridos.

 

Que hoy llevemos un poquito de alegría

a cada persona que encontremos.

 

Amén.